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Taller Bosque Primario
Cien años de soledad al aguafuerte
 
“Para nosotros es de gran satisfacción poder ilustrar el número 242 de la revista Casa de las Américas con imágenes de sus obras, que se están exhibiendo en nuestra institución y que tan buena acogida han tenido”.
Roberto Fernández Retamar
Presidente Casa de las Américas ( La Habana - Cuba)
2006
“Al ilustrar Cien años de soledad , Villalba Ospina, quien ha bebido tanto de las fuentes clásicas de Gustavo Doré como de la imaginería popular de su país, evidenció una lealtad infinita hacia un texto que repasó unas 30 veces antes de concebir la primera estampa”
Pedro de la Hoz
Periodista ( La Habana - Cuba)
2005
“A nombre del Directorio de la Bienal Internacional de Cuenca y en el mío propio, me es grato hacerle llegar nuestra felicitación por la magnifica exposición presentada por usted en nuestra cuidad. Cien años de soledad al aguafuerte ha sido recibida por el público cuencano con el entusiasmo que despierta el descubrir el buen oficio del arte. Sus grabados son este testimonio expresado a través de la seguridad en los trazos que conforman las imágenes sugerentes y fluidas de sus aguafuertes”. (Fragmento)
René Cardozo Segarra
Presidente de la IX Bienal Internacional de Cuenca (Ecuador)
2005
En cada uno de los ciento veinte grabados emerge el poder creativo del artista, allí están su esfuerzo engendrador, su desvelo, su combate con el dibujar y el grabar, su huella; se siente aun el brillo de las placas de metal, se escucha el sisear de la punta de acero, como se percibía en casa de los Buendía el sonido del crisol, fundiéndose obsesivos, interminables, los pescaditos de oro de Aureliano, el poeta orfebre. Villalba Ospina se ha contagiado no solo de la magia de la palabra, sino también de la obra. Lo suyo ha sido un elaborar pergaminos llenos de signos como los de Melquiades, y nosotros tenemos que descifrarlos como Aureliano Babilonia, lentamente, degustándolos para que obre en nosotros el doble conjuro; por un lado el de la palabra mágica de Gabo y por otro el de la labor interminable del grabador.”
Jorge Dávila V.
Escritor y comentarista de arte (Ecuador)
2005
“Cien años de soledad al aguafuerte es un trabajo al que el artista, egresado de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional en la década del 80, dedicó seis años ininterrumpidos en su taller de grabado; un trabajo silencioso, un periodo largo de intimidad y recogimiento en el que compartió con Macondo no solo la terquedad de sus personajes sino la responsabilidad de volver a contar la historia de una familia, un pueblo, una cultura, a su manera”.
Sandra Inés Gómez
Periodista (Colombia)
2005

“Apreciar un trabajo de la calidad de “Cien años de soledad al aguafuerte”, tiene para mi un significado muy especial y claro; y es que otros artistas, con otro lenguaje, traduzcan todas esas emociones literarias en una forma pictórica que es un lenguaje más complicado y difícil”.
Jaime García Márquez
Vicepresidente Fundación para un Nuevo Periodismo. (Colombia)
2005

“La aproximación visual que el maestro Villalba Ospina realiza a la novela Cien años de soledad representa un conjunto notable por su coherencia y dimensiones, es un trabajo sistemático y da muestra de haber sido investigado en cuanto a la representación de lugares, vegetación y fauna, de manera que ofrece pistas concretas sobre el ámbito en el cual se desarrolla la novela.

Este conjunto es cuidadoso en su parte formal y es respetuoso con los elementos tradicionales del grabado en aguafuerte; recupera posibilidades no muy desarrolladas recientemente en nuestro contexto y así relanza la posibilidad de asumir la ilustración literaria como un género gráfico actual”.
Miguel Huertas
Director, Taller de Creación, Facultad de Artes de la Universidad Nacional , (Colombia)
2003

 

“La calidad gráfica final de cada una de las obras es de una gran precisión, reconocida por numerosos expertos en este tipo de género artístico, y sin duda esta serie, es la mejor ilustración que se haya hecho de la obra de nuestro premio Nóbel”.
José Gabriel Baena
Escritor (Colombia)
2003

Entrevista
Cinco preguntas a Pedro Villalba Ospina
Revista Universidad Nacional de Antioquia, Nº 274 (octubre – diciembre 2003) (Fragmento)

“José Gabriel Baena : Vemos en el recorrido de su obra el paso por diferentes técnicas y temas : Una sombra sobre el alma, pinturas sobre papel de gran formato (1987); El erotismo, la muerte y el diablo, xilografías y dibujos (1988); Perfiles y falsedades, serie de dibujos satíricos (1991) ; Poema Cartográfico, óleo sobre madera (1995), Bosque Primario, temple sobre maderas diversas y antiguas (1997). ¿Cómo llega finalmente a los espacios, a los imaginarios macondianos, y a su resolución por medio del grabado?

Pedro Villalba Ospina : Cien años de soledad al aguafuerte es la conclusión de un deseo gradual y creo también, de un estado interior que fue tomando cuerpo y consistencia, primero en mi imaginación y luego en mi mano, que comenzó a desear la novela con las múltiples lecturas que hice durante varios años y que luego sentí que no podría ni quería bajo ninguna circunstancia esquivar. Cuando leí entrando en la adolescencia los primeros renglones del cuento “La siesta del martes”, me instalé en la obra de Gabriel García Márquez. Entonces no conocía el mar y por supuesto tampoco los pueblos de la costa, pero al leer este cuento, y más adelante otros, sentí el calor en la atmósfera, el temblor de la vegetación exuberante, la vibración que los pisos de tierra apisonada trasmiten a la planta de los pies desnudos cuando el tren pasa, el silencio de la siesta apenas perturbado por el sonido de las cosas retorcidas por el sol de las dos de la tarde; pero quizá lo que más sentí en ese primer cuento y luego encontré en los personajes de otras obras del autor y en la propia novela, es esa recurrente soledad que está incrustada en todos ellos y que en la adolescencia me sedujo por que la sentí emparentada con mi propia naturaleza. De muchas maneras deseé la novela cuando ya me había decidido a ser pintor, pero no tengo claro ese instante en que escogí el grabado como la técnica a la que habría de entregarme para hacer mi propia traducción. Cuando comencé a imaginar láminas de cobre y cinc, buriles y ceras, y vi, antes de dibujarlos, a los gitanos saliendo del metal bruñido, la vegetación, los rostros de los Buendía, los pescaditos de oro, el árbol de castaño y tantas otras cosas tan significativas en la obra, entonces ya no había nada más que hacer; estaba entrando en la boca del que ha sido el periodo más feliz de mi vida

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